domingo, noviembre 19, 2006

Las buenas costumbres

domingo, octubre 15, 2006

Los hijos de la Ilustración.

lunes, octubre 09, 2006

Edicto de la culpa.

Se me viene a reprochar de un modo constante mi lejanía irracional con los entresijos y devenires del sentimentalismo amatorio. No por ser apenas incapaz de percibir las puntas rosadas de tus pies, la mar amarga, los andenes fantasmales o los tapiados minutos de la noche no, si no por no superar mi utópico monólogo a la relatada certeza de que en el romance moribundo las hormigas dan de comer a las crisálidas.
Yo sin embargo nada puedo reprochar a quien el tiempo concedió la precisión de principio y final en un permiso de correspondencia amatoria, del verbo amar. En cambio no puedo ocultar mi fanatismo, tal vez exacerbado, por designar a los conceptos con el término que académicamente les corresponde (tampoco deja de sorprenderme que flagelar acepte académicamente dos tipos de emisor mientras la espalda flagelada sea un testigo poético escrito a base de azotes).
Así es que guardando las distancias y salvando excepciones no puede más que torturarme aquello que el amor y el querer son incapaces de confesarse so pretexto de anécdotas, voces pululantes y fragmentos olvidados.
Servidora y sus consecuencias viven hoy en una antología de anécdotas, voces pululantes y fragmentos olvidados que ya se muestra sobrada de ecos solemnes incapaces de concertarse.
Fascinante silencio...
Me reconozco a mi misma que el amante es amante cuando ama y porque ama, pero lo cierto es que me aburre este reconocimiento. El amante es el enemigo ingrato del siglo XVIII, la divinización del reflejo cuya lírica voluntad se ciega en la explosión del que, amando, vive y en el amor le corresponde lo que ver desea.

A partir de hoy las confidencias vidriosas se las dejo a mis muñecas rusas, cierro por vacaciones.